SEMINARIO MAYOR LOS SAGRADOS CORAZONES
BAUTISMO
P. LUIS GUILLERMO RUBIANO
JUAN GABRIEL GARCÍA
BAUTISMO EN LA BIBLIA
El bautismo es la puerta de acceso al reino de Cristo, que es el único mediador de la salvación ( 1Tim2,5) y el verdadero salvador del mundo (Jn4,42; 1Jn 4,14). Por eso el bautismo es necesario para la salvación a todos los hombres. Pues es importante tener presente la materia del sacramento, como elemento esencial para el desarrollo de la gracia que este sacramento concede. El agua, pues este posee un gran sentido bíblico antiguo testamentario. El agua es fuente de fertilidad (Gn49,25; Dt 33,13; Ez 31,4). Entrar en el agua significa morir, salir del agua significa renacer.
En el Antiguo Testamento hay hechos ligados al agua, que anticipan el bautismo cristiano y nos ayudan a comprender mejor su sentido:
El diluvio Gn 6-9.
El paso del mar rojo Ex 14.
El río Jordán Jos 3,7; 4,23.
Pero es en el Nuevo Testamento donde podemos comprender mejor el sentido del bautismo cristiano. El bautismo de Jesús es importante para ello. Jesús es bautizado por Juan el Bautista, junto con otros muchos que iban a pedir un bautismo de penitencia y conversión (Mc 1,9-11; Mt 3,132-17). Jesús al descender a las aguas simboliza y anticipa su propia muerte futura y al salir de ellas simboliza su resurrección y glorificación por el Padre (Mc 10,38). Jesús como otro Jonás, va a ser sumergido en las aguas de la muerte en su pasión y cruz, pero al resucitar es salvado del abismo por el padre y así pasa de la muerte a la vida (M 12,40; lc 11,29-32).
El simbolismo principal del agua del bautismo es significar el paso de la muerte a la vida, es decir, participar de la muerte y resurrección de Jesús (Rm 6), naer de nuevo por la fuerza del Espíritu (Jn 3).
En el Nuevo Testamento encontramos que el mismo Juan el Bautista tiene conciencia de este significado de cambio y de conversión, de pasar de lo que es pecado y muerte, mediante el arrepentimiento y el perdón, hacia lo que es la vida nueva (ver Mc 1, 4). Pero Juan el Bautista aclara que su bautismo es solamente preparatorio, que después vendrá otro que bautizará en el Espíritu y en el fuego (ver Mt 3, II). Asimismo anuncia que Jesús es el Cordero de Dios que asumirá el pecado del mundo (ver Jn 1, 29-36). Al bautizarse, Jesús aún siendo justo, se coloca humildemente entre los pecadores (ver CIC 1 224); y desde ese bautismo hasta su muerte estará cumpliendo públicamente la misión encomendada por Dios Padre (ver Lc 1 2, 50). La muerte de Cristo es así la cúspide de su servicio. En el bautismo del Jordán, Jesús es consagrado, ungido como "siervo" en el camino de la humillación y servicio a sus hermanos los hombres y será fiel hasta la muerte en cruz.
Después de la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, Pedro predicaba a Jesucristo resucitado como Señor y Mesías; los presentes "al oír esto, se afligieron profundamente. Dijeron, pues, a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué debemos hacer? Pedro les contestó: Conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes en el Nombre de Jesucristo, para que sus pecados les sean perdonados. Y Dios les dará el Espíritu Santo" (He 2, 37-38).
En la Iglesia, el sacramento del Bautismo ha sido siempre la puerta de entrada y el fundamento de toda vida cristiana (ver CDC 849). "El Bautismo es el sacramento de la fe (ver Mc 16, 16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse" (CIC 1253).
BIBLIOGRAFÍA
CODINA, Víctor. El mundo de los sacramentos. Tercera edición, San pablo. Santafe de Bogota. 1998. Pág 50-51.